20 mar 2007

Pesadilla II

Mi abuela me recomendaba un vaso de leche tibia y mi cuñada cualquier cosa que termine con pan (las preferidas eran clonazapan y diazepan, pero tenía un repertorio bastante más amplio). Yo, igual, me quedé con la recomendación de mi tío: una (o dos) copas de vino (a decir verdad, eran vasos, pero me tomé la libertad de aggionarlo). Y fueron dos copas, grandecitas, las que me sumergieron en el sueño profundo y aunque no hubo viajes por mares tropicales, campos verdes o blancas montañas fuer reconfortante no recibir las visitas de los fantasmas.