Trastornado
Hace ya algunos meses que LM terminó con una relación de varios años y los amigos temíamos que le costará superarla. Pero en este tiempo se mostró activo, participativo e incluso SI contó cómo disfrutaron un par de noches porteñas.
SI es hijo de una familia judía de clase media aunque sólo recordaba su pertenencia para justificar algunos ausentes en el secundario. Ahora es un próspero empresario, situación a la que llegó por una combinación de factores, mucho trabajo, algunas ideas y una esposa con herencia que supo multiplicar. La mitad de la semana la vive en Baires atendiendo negocios y los fines vuelve a su pueblo adoptivo donde lo espera la familia. Claro que algunos finde el trabajo lo obliga, el regreso se complica y acompañarlo a LM lo justifica.
Pero volviendo a LM, el jueves nos sorprendió. Toda esa postura superadora parece ser que no era otra cosa que producto de su "trastorno bipolar" un mal que se puso de moda, especialmente entre quienes pueden pagar una visita al siquiatra y que justifica esos pasos de la euforia a la depresión sin escalas ni motivos aparentes.
LM explicó su "trastorno bipolar" así: "Muchas veces coqueteo con la muerte, me gusta. Lo hago fumando todos los días, manejando a 210 Km/h o poniendo al límite de adherencia a la moto un día de tormenta. También lo hice con las pastillas o dejando colgar el cuerpo en algún balcón. Me gusta, genera un estado que a veces puede confundirse con la omnipotencia, por lo menos mientras no me gane. El problemas es superar la depresión que sobreviene cada vez que salgo de ese estado eufórico. Y el problema verdadero es que cada vez me pasa seguido".
Nosotros lo escuchamos atentamente y no lo interrumpimos ni cuando el mendocino sirvió la ronda de cafés, acompañada esta vez por unas copitas de ginebra que parecía todos necesitábamos.
Por supuesto hicimos algunos comentarios de ocasión para tranquilizarlo e interiormente cada uno pensó en seguirlo más de cerca. Pero hubo algo, algo en especial, que a todos nos preocupó. LM describió su diagnóstico como trastorno bipolar leve. Y en él nada es tibio. A ver si todavía se deprime por pensar que ni siquiera puede considerarse un loco como corresponde.