12 abr 2007

Cuando un amigo se va

No le voy a dar pie a LM para entrar en una discusión filosófica sobre la relación de los humanos con los fierros. Para el son sólo fierros que van y vienen se usan más tiempo o se descartan rápido; nada que ver con DG, que si la humedad supera 90% deja la moto a buen resguardo ("para que no se dañen los calcos originales", dice). Yo siempre me ubiqué en el medio ("sos un gris", me descalifica LM pero no logra afectarme) y creo en la relación que se genera entre auto y dueño. No, no les reconozco sentimiento, simplemente que uno transfiere parte de su ser y los fierros se amoldan a ese ser: la forma de acelerar, de frenar, de doblar, cuándo cambiarle el aceite, cada cuánto revisar la presión de los neumáticos si hay que bombearlo para que arranque en frio o evitar ahogarlo cuando hace calor; todo eso se aprende juntos. "La mujer se presta, el auto no" suelo chicanearlo a LM. La cuestión es que me llegó la hora de despedir a un compañero de los últimos 7 años, con todas las alegrias y complicidades que compartimos. La última, es saber que ahora estará al servicio de JG, otro amigo de toda la vida y ocasional asistente a la mesa de los jueves. Con una champaña yo lo despedí y el lo recibió.