Filosofía barata
El mendocino siguió con atención un rato la discusión. Es que ese jueves la conversación se había puesto pesada en la mesa. La culpa, porque de eso siempre se trata, de buscar un culpable, coincidimos en adjudicársela a LM y su planteo sobre la interpretación freudiana de los sueños. Es que pese a las recomendaciones ("Si elegís esa, creeme que no salís más. A veces no sé cómo lo logran pero te tienen tirado en un sillón por cinco o diez años y nunca sentís que avanzas", le había sugerido SK hacía ya un tiempo) eligió el diván ("por qué no cambiás tu cama si no podés descansar bien", había sido más irónido DG).
La mesa tiene temas fijos de discusión: fútbol, mujeres, fútbol, autos, fútbol, estado del tiempo, fútbol, mujeres, fútbol, política y fútbol. Y de ahí poco nos apartamos, salvo para contar alguna anécdota de nuestro pasado adolescente común y alguna hazaña rescatada del olvido como la victoriosa marcha con el estandarte en alto en medio de bombas lacrimógenas aquel lejano diciembre del '82.
LM eligió a un discípulo clásico de Sigmund Freud encargado de buscar en esos yerros comunes del lenguaje una expresión del subconsciente que aflora. Fue CP el que le salió al cruce con un razonamiento típico de la perversidad humana de Niestzche, que reconozco me costó bastante comprender aunque algo me interesó cuando empezó a mezclar el sexo disociado del amor o por lo menos de la pareja constituida en términos clásicos del occidente. Yo intenté volver la discusión a un término más racional y apelando a mi krausismo obsoleto planté la búsqueda de la espiritualidad del hombre como un estado supremo que lo acerca al imaginario de un d10s.
El mendocino, parado detrás de DG, había seguido con curiosidad la conversación/discusión por un rato largo portando con elegancia la bandeja con cuatro cafés y un cortado y cinco copitas de ginebra ("de la que el gallego tiene escondida", siempre nos mentía) hasta que nos recordó nuestro lugar en el mundo: "Muchachos, basta de filosofía barata, lo de ustedes es el fútbol". Distribuyó los cafés y la ginebra y se fue a atender a la mesa quinelera.