El otro él
Cuando LM contó su experiencia coincidimos con SI y DG en que se trató del mayor proceso de disociación posible antes de bordear con la locura, esa con la que tanto le gusta coquetear. No es que se trate de una persona especialmente inteligente (fanfarronea con un 125 pero le sabemos de un 95 arañado) pero se divierte o lo divierte jugar con su mente. En este juego, se trató de vivir dos vidas simultáneamente.
Empezó una tarde de viernes cuando el azar le regaló un par de horas solo en su departamenteo. Abrió la caja de fosforos, desmenuzó una piedrita, armó un cigarrillo y se relajó en el amplio sillón con vista a edificio de enfrente. Ahí lo pensó: si puedo leer un libro y dejar que me imaginación me transporte, si puedo ver una película y sentir que soy uno de los personajes, por qué no intentar hacerlo en la vida real, explicó el plan.
Así, durante los siguientes tres días se dedicó a imaginar que vivía otra vida. A ver si se puede explicar mejor: mientras veía una película su mente disfrutaba un partido de fútbol (se amargaba con la defensa que no tomaba las marcas, disfrutaba con algún pique pícaro del delantero, ahogaba el grito de un gol cuando la pelota salí pegadita al palo); mientras conversaba con una persona le respondía a otra imaginaria (aceptó que generó alguna confusión especialmente cuando cambiaba los nombres, lugares o motivos de la conversación); cruzó la ciudad de sur a norte por la Nueve de Julio disfrutando de los campos de girasoles que le seguían el paso y abstraído de los bocinazos e insultos que algunos le dedicaron. El momento de mayor zozobra fue con su pareja, cuando no le entendía ese súbito cambio de rutina que asoció a un acto de traición del que ninguno de sus dos él podía brindar una explicación coherente.
La verdad que con DG y SI nos quedamos un rato analizando las posibilidades de llevar a la práctica, las ventajas y problemas que genera. Durante un rato fantaseamos con historias paralelas, pero a la hora de la conclusión, los tres le advertimos a LM que hasta él tiene límites.