Palabras
Él era como todo chico, como casi todos los chicos, sentía admiración por su padre. No era presidente de una empresa ni construyó una fortuna, pero siempre tenía una respuesta; era invitado a la mesa y sus opiniones eran escuchadas. Por eso, aun en la adolescencia era su referencia y modelo. Por eso, ese día, lo escuchó. Y aunque las palabras los sorprendieron, le creyó.
Muchos años después, cada tanto todavía le resonaban esas palabras: a la noche, cuando se acostaba y quedaba en silencio consigo mismo; a la mañana, cuando se levantaba y debía encarar un nuevo día con su historia a cuesta.
El padre todavía vive y sus opiniones siguen siendo escuchadas. Pero el chico, ahora grande, ya no le cree. Y se prometió jamás, jamás, repetir aquellas palabras.