29 abr 2008

La página blanca

Fue simplemente una broma, lamento que no lo entiendas.
Si, por eso respondí con otra broma, lamento que no hayas así entendido.
Yo los conocía a los dos, bastante. Compartimos algunas actividades sociales que fueron generando un vínculo de amistad. Y siempre me había parecido que tenían esa rara complementación. Rara porque como en esas intersección de conjunto, compartían lo sustancial. Por eso sorprendió la falta de coordinación cuando desde afuera habíamos entendido la ironía de una y otro.
Pensé en esa anécdota cuando me senté hoy frente a la página blanca. Siempre rescato anécdotas de la vida cotidiana para construir historias. Se convirtió en mi hobby cuando el deporte me abandonó y las tardes de lluvia y frío desalientan los paseos en moto.
Pero la idea no la terminaba de armar, faltaban capítulos, datos, percepciones para comprender de dónde venían y cómo podía imaginar a dónde iban. Fue por eso que dejé abandonada la historia. ya tendría oportunidad de ir llenando los espacios.

Fue por casualidad que volvió la idea de contar la historia. "Se rompió la magia, che", sacó casualmente LM el tema en la mesa de café de los jueves. Se refería a un desencuentro sobre cómo encarar una obra menor de arquitectura. Una cuestión de estilos, moderno o clásico, que debía reflejar un ambiente.

Lo escuché a LM contarme otras anécdotas y algunos chimentos, pero mi cuento seguía con vacíos. Probé distintas alternativas, un romance frustrado, el interés de uno y el rechazo del otro o la influencia de un tercero; hasta jugué con las distintas corrientes arquitectónicas y la preeminencia de géneros en cada una.

Finalmente tomé una decisión. Era la vida de ellos, que ellos le encuentren la solución.