La tablita
BoVe nunca se recibió de doctor, aunque alguna vez estuvo tentado de comprar el título "para la satisfacción de comprar las drogas con mi propia firma" decía. Yo no logro que me expidan algunos medicamentos si no presento las tres recetas con los colores que un gobernador bonaerense copió de Rozas blanca, celeste y rosa. "Es como ir a pedir un crédito, el banco te lo da si sabe que no lo necesitás", me cargaba BoVe.
El título de doctor lo ganó por acertar el diagnóstico y la terapia, de un compañero con una fuerte comezón ahí, donde se dificulta la visita al médico. Se adjuticó otros méritos pero se parecían más a los milagros de algunos candidatos a santos.
La cuestión es que, sentados en otro día en el bar, me graficó la tablita mágica:
1 Rivotril: estress laboral
2 Rivotril: problemas con el jefe
3 Rivotril: lío de polleras
4 Rivotril: sentate y pensá de nuevo tu vida
Como otras veces, lo escuché y sonreí. Después, cuando caminaba esos pocos pasos hasta la moto, metí la mano en el bolsillo y junto al control de la alarma tantee el blitzer. No lo saqué, pero conté en silencio cuántas pastillitas faltaban.