Dilema II
Cada tanto, solemos pararnos en un momento a mirar retrospectivamente la vida, sacar alguna verdad revelada, armar el proyecto que marcará los próximos años y servirá para concretar ese cambio radical y todas esas cosas que nos imaginamos generalmente en ese instante antes de dormir donde parecemos cobrar una lucidez extrema que se nos niega sistemáticamente las restantes 18 horas del día.
Ese día, contradictoriamente, el momento mágico se presentó de mañana, cuando el despertador intentó por segunda o tercera vez lograr su propósito y razoné cuatro posible motivos de por qué no lo lograba.
Estoy cansado
Estoy estresado
Estoy fóbico
Soy un terrible vago
Atiné a estirar la mano, desenchufar el aparato para prevenir cualquier error de operación que lo haga sonar nuevamente, giré 180 grados y me quedé en la cama.
Había logrado un momento de inspiración y estaba seguro de poder dirimir la cuestión de dedicarle algunos minutos más a pensar. O no hacía falta, ya tenía la respuesta.