María Cristina
CP me contó una historia: Es sobre una niña, de 15 años, de una familia patricia de principios del siglo XX, cuya existencia recuerda una placa en el mausoleo, ahora conservado por el Estado, del Cementerio de la Recoleta.
Sus bisabuelos habían participado de las guerras de la independencia. No estaba claro de qué bando; según la historia familiar, codo a codo con Belgrano, Moreno, Saavedra; según algunos historiadores, denostados en la familia, del lado del ganador. Lo cierto es que accedieron a grandes extensiones de tierra y construyeron una importante fortuna.
Sus padres se encargaron de ampliarla. Una pequeña contribución a la Campaña del Desierto del general Rocca y algunas oportunas fiestas en la mansión familiar fueron justamente recompensadas con miles de hectáreas que permitieron fundar dos nuevas estancias.Sus hermanos, mayores, se encargaron de disfrutarla.
CP conoce la historia. Se cruzó con ella por azar, un día que lo convocaron para restaurar un viejo escritorio de roble de Eslovenia rescatado de una mansión con destino de hotel cinco estrellas. Conocedor de su oficio, no tardó en dar con el compartimiento secreto. Y allí con una carta. Dice que sintió un cosquilleo recorrerle el cuerpo cuando leyó la única palabra escrita en el sobre: Adiós...Y que le impactó la caligrafía: prolija, estudiada, practicada y, recuerdo que me llamó la atención el término, ingenua. La abrió con la meticulosidad, la intriga, la expectativa de un científico frente a su descubrimiento.
"...la muerte es la transición entre la vida terrenal y la vida eterna. Tengo ahora, para mí, toda la eternidad para encontrar la felicidad. María Cristina"