Angelitos
-Buenas noches, que sueñes con los angelitos-
-Gracias, vos también.
Son esas siempre las últimas palabras del día que intercambio con mi hijo. Desde hace años se queda despierto esperando mi regreso a casa, la mayoría de las veces después de la medianoche, con el cansancio, el estress, las frustraciones y algunas alegrías.
Siempre hay primero algún regaño a que esté despierto tan tarde frente a alguno de esos chiches electrónicos que lo fascinan y a las pocas horas de sueño y siempre me aclara que esa tarde durmió la siesta.
Pero ayer algo cambió. Parece ser que la escuela, los contraturnos, el gimnasio, el fútbol, y la altura del año se acumularon en un cansancio que lo desplomó sobre la cama.
"No pude esperarte, me quedé dormido" me dijo por la mañana con la voz todavía sin cambiar. "Te prometo que hoy me quedo a esperarte para para decirte 'buenas noches pá, que sueñes con los angelitos'".
Y yo podré irme a la cama con mis últimas palabras: "Gracias hijo, vos también".